LEONOR PEREZ
A fines de 2008 cambió Chile por México y con ella se fue ella misma. O sea, el poblado imaginario infantil donde se domicilian sus ilustraciones.
En Ciudad de México halló recuerdos de Santiago: un centro mágico y de arquitecturas emocionantes, gatos como Tito y Minimí —que sucedieron a los chilenísimos Nube, Renca, Laura y Petunia— y ventanas.
EL MUNDO SIN PAREDES DE UNA MUJER SANTIAGUINA

Las ventanas son importantes en la vida de Leonor.
Ventana 1) Cuando pequeña, en la comuna La Florida, al sur de Santiago, veía enfrente una acequia con un sauce llorón y la cordillera majestuosa después de las lluvias nocturnas. (No lo sabía entonces, pero así se define la palabra embeleso cuando niño.)
Ventana 2) Su taller santiaguino se enfrenta a las ventanas traseras de otros edificios. Una anciana reza y lee a diario, sentada en la cama. Leonor la mira de reojo; la mujer la mira a ella.
Ventana 3) Su ventana mexicana, nueva síntesis de munditos y rutinas, tiene debajo una taquiza que inunda la calle con rumores y aromas y un edificio semi abandonado al lado. De tanto en tanto, allí se encienden unas luces y se apagan otras.
RACCONTO D' ARTISTA
Lápices y crayolas de Artel, Garan Dache y Faber Castell le cayeron en las manos cuando niña. Su primer encuentro con la fama fue un dibujo de Ester, la señora que la cuidaba. Hizo saltar de la emoción a tías, madre y vecinos.
Fastforward: Su mamá la llevaba a menudo al Museo de Bellas Artes pero ella encontró maravillas más a menudo en los libros infantiles ilustrados. Pause: Fue maestra de niños y dirigió un taller de pintura por varios años. Avanza un cuadro: De la angustia de la tela en blanco pasó a diseñar juguetes didácticos. Avanza dos y play: La madera y el aserrín la devolvieron en 2005 a la ilustración, donde siempre quiso estar.
MICRO-BIO FORMALISTA
Licenciada en Arte con mención en Pintura y Pedagogía en Artes Visuales de la Universidad Católica de Chile, llegó a México para diplomarse en ilustración en la Casa del libro de la UNAM. Distinguida en grabado en España y con varios premios en Chile.
Sus ilustraciones han coloreado libros infantiles y escolares de Santillana, Alfaguara, Norma y Sol y Luna de Chile y de la editorial Oxford, en México. Diversas exposiciones la tuvieron en sus salas. Forma parte del Colectivo de Ilustradores de Chile y del Colectivo Minga, que creó en 2007 con otras cinco ilustradoras chilenas. Mantiene su propio blog, Las rayas del gato.
HALLAZGOS EN EL LIBRO DE MANCHAS DE LEONOR PEREZ
Pasión por los artistas que crean atmósferas afectivas capaces de mover tu barriga. Lista corta, a saber: Rembrandt, Hopper, Amedeo Modigliani y Henriette Petit; Gabriel Pacheco, Nicoletta Ceccoli, Octavia Mónaco y Rebecca Dautremer.
Una pérdida del aliento: la visión de la animación “Les Triplettes de Belleville”, de Sylvain Chomet.
Una rutina que incluye: comer para concentrarse, ordenar la mesa de trabajo, fumarse un Kent e iniciar la chamba a las 9.00 AM. Siempre —es neurótica.
Un oído que sabe recorrer, a diario, a Bowie, Cerati, Los Tres, Lucybell o Air. (Y últimamente a Kevin Johansen y la “Go Slowly” del “Rainbows” de Radiohead.)
Le gustan harto el acrílico y los collages; fan declarada del Photoshop.
Un gran día en la vida de Leonor Pérez no necesita más que una emoción. Puede ser por ver una película, como “La vida secreta de las palabras”, de Isabel Coixet. O por dejarse llevar por la belleza de lo viejo.
Un mal día puede tener algo o todo de lo siguiente: gente indolente, desapasionada, descomprometida y conformista; ruido y malos olores, tráfico en la calle y colas en los bancos. Una visita a un mall; una mortal pérdida de tiempo. Escuchar un discurso de cualquiera que haga discursos. Un vecino de ego enorme.
En su estudio hay una mesa de trabajo típica —ergo, desordenada— con papeles y cartones por doquier, cajas y frascos de lápices, acrílicos Van Gogh y paletas para mezclar, cinta adhesiva, cortantes y pinceles. Al centro, su Dell; algo más allá un escaner; más acá, el cenicero.
Frase (circunstancial) de cabecera: “La vida es breve”. Ay.
Cuando el cuerpo le pide escuchar a Chopin, sus dibujos viven y a ella le tiembla el alma.
Hace lo que siempre quiso, pero no está completa. Una deuda: ilustrar “Luchín”, la canción de Víctor Jara. Leonor desea lograr que las imágenes representen la poesía. Es una batalla personal.
Meme de tres patas: 1) Melancólica, perseverante y rigurosa. 2) Alucinada con el existencialismo de Fellini, el gato de Liniers, 3) Chica irritable: nacida en luna llena con eclipse, en ocasiones, aúlla.
“Nostalgia” y “El susurro”, parte de un proyecto personal, están entre los dibujos que más la conmueven.
Su vida carece de héroes: sólo hay mar. Inmenso, aromático, ondulante.